Artículo publicado en el Diario Información el 20/01/2022

En muchas ocasiones se ven los “fondos europeos” como el gran maná de un dinero sin límites que viene de las fuentes de financiación europea. Pero la realidad en la actualidad es que España es un país que aporta más que financiación recibe de la Unión. Al igual que nuestra nación recibió importantes cantidades a través de los fondos de cohesión hasta alcanzar un porcentaje de la renta nacional bruta en comparación con ese dato a nivel europeo, ahora nosotros ponemos más que recibimos. 

Hasta el estallido de la pandemia provocada a consecuencia de la COVID-19, los dos grandes objetivos políticos y presupuestarios de la Comisión Europea eran: “Digital Agenda” y “Green Deal”. 

El primero de ellos, la agenda digital, pretendía dar sobre todo un impulso a la digitalización de Europa y de lograr la ansiada soberanía digital europea. Un proyecto importante por la dependencia tecnológica que tenemos principalmente de Estados Unidos y en segundo lugar, de China. Este proyecto pretende aumentar las habilidades digitales de los europeos, impulsar mejores infraestructuras de datos y telecomunicaciones y tener sistemas propios en el que Europa pueda interactuar.

El segundo de ellos, el acuerdo del pacto verde para la transición energética de Europa y disminuir las emisiones de dióxido de carbono. La utilización de energías verdes, el impulso al autoconsumo, el vehículo eléctrico, son algunas de las políticas de inversión más importante. Aunque bien es cierto, que para que tenga un efecto global, es un compromiso que debería afectar a todo el planeta y no solo al viejo continente..

Después, llegó la pandemia y trastocó los planes iniciales impulsando un paquete de inversiones que provocaran no paralizar la economía europea y poder tener planes de estímulo que ayuden a no tener una crisis económica sin precedentes. El plan Next Generation, el cual, España tiene una asignación inicial de 140.000 millones de euros, de los cuales, la mitad se han destinado ya a la financiación de los ERTE y el resto, pretende dar impulso a las políticas palanca que se han establecido por el plan de recuperación, transformación y resiliencia aprobado por el Gobierno de España con el visto bueno de la Comisión Europea.

El plan es una oportunidad histórica para realizar un cambio inteligente en proyectar dónde estamos y a dónde queremos estar. Con los fondos de cohesión, sirvió para tener unas infraestructuras modernas en el país que mejoraran las comunicaciones. Ahora tenemos que seguir apostando por la innovación para avanzar como sociedad y garantizar la igualdad de oportunidades. La pregunta es: ¿estamos preparados para un cambio disruptivo para dar respuesta a los retos del siglo XXI? ¿Vamos a aprovechar eficientemente esta financiación extra? 

Está claro que este impulso económico va a repercutir en el endeudamiento y por lo tanto, las próximas generaciones no nos perdonarían si no aprovecháramos cada céntimo de euro en poner los cimientos de a dónde queremos llegar. En los últimos días se multiplican las oportunidades para empresas, pymes, administraciones, sectores educativos, investigadores, que están teniendo unas convocatorias de financiación interesantes que están movilizando varios sectores económicos, principalmente, con lo ya mencionado de digitalización y agenda verde. Pero también, hay que plantear estas convocatorias con un gran sentido común dejando aparte cuestiones ideológicas para a veces no escribir cuestiones absurdas.

Leía hace unos días en una de esas convocatorias para la reducción del riesgo de inundación en entornos urbanos, que los proyectos debían “integrar la igualdad de género” “sic” y me pregunto qué tiene que ver la igualdad con una inundación o si bien, la cuestión de la ideología de género se está yendo de las manos poniendo cosas donde no tocan.

Las controversias con respecto a los fondos europeos se están produciendo cada vez en más casos. El reparto de fondos europeos debe realizarse en términos justos y equitativos con criterios objetivos, igualitarios y de transparencia. Por lo tanto, no se puede repartir este dinero por cuestiones arbitrarias, porque si bien, apremia la ejecución de las convocatorias, no puede servir como excusa en romper las reglas fundamentales del buen gobierno.

En definitiva, estos años son fundamentales para poder ejecutar una ingente cantidad de dinero público que la Administración quizás no esté preparada y tenga capacidad en gestionar ni ejecutar. Por ello, contar con la iniciativa privada y con los actores que son expertos en cada una de las materias va a ser fundamental.

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