Artículo publicado en el Diario Información el 05/05/2022

¿Se ha preguntado alguna vez si le han espiado alguna vez? ¿Han utilizado sus datos sin consentimiento? ¿Es consciente de una utilización de sus datos no autorizada?

Estará escuchando estos días acerca de las informaciones no confirmadas por el Gobierno, de que activistas nacionalistas catalanes habían tenido sus comunicaciones intervenidas mediante el software  de la inteligencia israelí, Pegasus. Igualmente, el propio gobierno confirmó esta semana que habría sido utilizado dicho programa en el smartphone del propio Presidente del Gobierno Pedro Sánchez como a otros mandatarios europeos. Según informaciones de The Guardian, con la autoría del propio gobierno marroquí.

Aunque ya nos estemos acostumbrados a escuchar presuntos expertos en las tertulias cuya opinión (presuntamente experta) va desde la pandemia de la COVID, pasando por el volcán de Cumbre Vieja, la guerra de Ucrania o cualquier asunto que se tercie, conviene seleccionar fuentes de información que sí informen rigurosamente con personas reconocidas sobre un tema (no se puede saber de todo como algunos contertulios) y nos pueda ayudar a tener una opinión propia.

En materia de inteligencia, se habla del ciclo de la inteligencia basado en cuatro bloques: la obtención de la información, la elaboración, la difusión y la dirección. En la obtención de la información, las agencias de inteligencia, los ejércitos o cada vez más, las unidades de inteligencia de las propias empresas que utilizan técnicas para obtener información. Puede ser HUMINT (información procedente de fuentes humanas), OSINT (información procedente de fuentes abiertas), SIGINT (información procedente de fuentes técnicas) y GEOGINT (información procedente de la explotación y análisis de imágenes e información geográfica).

Posteriormente, una vez se ha obtenido la información, se procesa, se valora, se examina y se integra con otra información que se pueda contrastar. Precisamente el software del que se habla, Pegasus, es un spyware para monitorizar la actividad de un smartphone. No es la primera vez ni la última, que se intervienen las comunicaciones telefónicas. Acuérdense lo que dio de sí el software SITEL en la época del exministro del interior ya fallecido, Rubalcava. Ahora todavía más con el desarrollo de la tecnología, puesto que el smartphone, se ha convertido en una joya en la ciberinteligencia por el nivel de información que aporta: tenemos datos del estado físico de una persona, sus constantes vitales, a qué hora se suele levantar y cuándo se va a dormir. Sabemos qué comunicaciones mantiene, somos capaces de predecir con técnicas de procesamiento de lenguaje natural opiniones, gustos o pensamientos a través del software de mensajería instantánea. De igual forma, nos aporta un dato muy curioso como es la geoposición de la persona, con datos con bastante exactitud. Del mismo modo, del resto de información vertida por el usuario en redes sociales. No pretendo ser un apóstata de la tecnología ni alarmarle, es lo que conlleva un teléfono inteligente.

Por lo que, no es de extrañar, que las agencias de inteligencia trabajen en I+D+i para poder obtener información a través de estos dispositivos tan preciados y en herramientas que permitan crackear los dispositivos. Se demuestra una vez más de que nuestros responsables políticos no son conscientes del problema grave que tenemos con respecto a la ciberseguridad, de que formamos a expertos que luego se van a trabajar al sector privado porque cobran tres veces  más y que si no se aborda la problemática desde otro punto de vista, vamos a seguir igual o peor. 

Las declaraciones de la ministra de Defensa, Margarita Robles sobre este tema demuestra que queda vida inteligente en el Gobierno de España. El Gobierno tiene la obligación moral y además legal de utilizar las herramientas digitales necesarias para la obtención de información contra quienes quieren destruir nuestro Estado de Derecho.

Sin duda y aparte de cuestiones diplomáticas, hay decisiones políticas de dudosa explicación cómo si sabemos que Marruecos ha estado espiando directamente los teléfonos del presidente y de ministros, hacemos un cambio de postura radical ante la excolonia española del Sahara, o que nacionalistas catalanes puedan justificar de si el CNI les espía o no, cuando el propio CNI ya apuntó directamente a que el independentismo catalán estaba apoyado en la inteligencia rusa en la distribución de desinformación y noticias falsas. Con todo ello, sumarle la cesión a que el brazo político del terrorismo vasco y los independentistas catalanes entren en la comisión de secretos oficiales, con el jaleo de los socios del gobierno y la petición de dimisiones. El camarote de los hermanos Marx.

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