Artículo publicado en el Diario Información el 19/05/2022

Perdonen pero estoy negativo. Ni agua, ni financiación autonómica, ni infraestructuras. El resumen rápido de una legislatura casi ya agotada que llega a su fin. A la vuelta del verano, campaña electoral y elecciones de nuevo: autonómicas, locales y seguramente, nacionales. 

El martes se producía en Alicante la enésima manifestación de los agricultores ante el cierre progresivo del trasvase Tajo-Segura y parece que este último recorte, ya va a ser la sentencia de muerte. No tuvo suficiente el socialismo con cargarse el trasvase del Ebro financiado con fondos europeos que ahora también quieren la clausura de este grifo que, con más de 40 años de vida, 110.000 empleos, 2.364 millones de euros de contribución al PIB, 2,1 millones de usuarios de abastecimiento urbano, entre otros según datos de la UA ha convertido el sureste en un paradigma de eficiencia hídrica. La alternativa que tienen es únicamente la desalación, como si tampoco tuviese un coste energético y medioambiental. Así nos lo meten desde hace años, sin alternativa y sin discusión.

Por contra, tenemos otros quince trasvases en España que no están sufriendo los recortes que tiene el del sureste. ¿Por qué? Decisiones políticas que no decisiones técnicas. Además, ya se viene trabajando desde hace años haciendo lobby con informaciones negativas como si los trasvases fueran perjudiciales. Miren los trasvases en Estados Unidos como California, un estado con problemáticas similares al sureste español y con diferentes trasvases. O también, la apuesta del gobierno Chino por las políticas trasvasistas con el gran trasvase de 45.000 millones de m3 desde el sur hacia el norte que transcurre por tres vías; la este, la central y la oeste, abasteciendo a las grandes ciudades chinas.

Pasamos a la financiación autonómica. Se despide el exconseller de Hacienda, Vicent Soler con una carta a su homóloga la ministra Montero y recuperando el espíritu reivindicativo que tenía con el exministro Montoro a cuenta de la cacareada financiación autonómica. De Montoro a Montero han pasado casi cuatro años y nada nuevo bajo el sol.  Se va Soler con 11.817 millones de euros de deuda más de los que se encontró en 2015. Tocamos a 10.665 euros por cada valenciano. No esperen una reforma de la financiación autonómica esta legislatura. En la última parte de la legislatura de Rajoy, con las arcas públicas de nuevo en crecimiento, pedia un consenso y un pacto de estado con los socialistas para reformar el sistema. Nada de nada, patada para adelante. Ya resolveremos el problema. Ahora, que viene época de vacas flacas en las administraciones, se dice en las últimas semanas que no se reforma el sistema porque el PP no quiere (y está en la oposición). Trilerismo político. Seguimos sin resolver el tema. Otra patada para adelante. Atrás quedaron aquellos años en que los partidos políticos se ponían de acuerdo para resolver cuestiones de Estado. Después, se preguntan del cabreo de la ciudadanía con la política y los políticos.

Crisis de gobierno en el Consell. Si, crisis de gobierno. Porque a los cambios en un gobierno se les llama “crisis” aunque por cuestiones de comunicación política se quiera aparentar otra cosa. Una crisis que se espera desde navidades contada en los editoriales informativos con pelos y señales por los mismos responsables de la cuestión. Está claro que algo no funciona y estamos a un año de las elecciones. Una crisis de gobierno no es un impulso al gobierno; a un año vista, periodo preelectoral donde la administración se paraliza, te da tiempo a conocer al funcionariado, a los sectores a los que te diriges y a poco más.

Por último, las infraestructuras. El día de la marmota. Siempre hablando de lo mismo y siempre esperando lo mismo. La modernización de la red provincial de cercanías, el tren de la costa, el tren Alcoy-Xàtiva, la conexión del tren Denia-Gandía, la conexión del puerto de Alicante, el tercer carril de la A-7 y la A-31, las carreteras CV pendientes, el Corredor Mediterráneo, el tren al aeropuerto, el intercambiador de San Isidro, entre otros. Resignación, es la palabra que define a este estado.

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