Artículo publicado en Diario Información el 1/4/2022

Créame, que nunca he entendido el porqué de que en nuestro país cambiamos las leyes educativas cada cuatro años. ¿No se podrían poner de acuerdo todos los partidos políticos en tener un Pacto de Estado en materia educativa que permita tener una estabilidad en el sistema? Hay quienes piensan que con la educación se puede hacer política, pero la educación debe estar por encima de la política.

La educación en mayúscula, es la forma que tiene un país en educar a las futuras generaciones. Esto es un gran reto para toda la sociedad porque es un proyecto de Estado. Donde el conjunto de los agentes políticos, sector educativo, sociedad civil y comunidad educativa diseñen y planifiquen el sistema educativo para el conjunto del territorio. Pero el problema aquí es la no capacidad en llegar a acuerdos que permitan una estabilidad en el sistema.

Los cambios legislativos constantes hacen que, aun no habiendo terminado de aplicar los cambios profundos que las leyes educativas provocan, se tengan cambios de nuevo. En la educación vivimos  en un constante bucle. No se ha terminado de implantar una legislación cuando hay una nueva que cambia la anterior. Ello provoca que estemos más preocupados en el procedimiento y en la burocracia que no en lo verdaderamente importante que es la propiedad educación de las personas más jóvenes.

¿Por qué no se ponen de acuerdo los partidos políticos en tener un pacto de estado educativo? La educación debería ser uno de los pilares en la política de cualquier Estado, con un consenso entre las fuerzas políticas mayoritarias para definir la política del futuro. Pero las ideologías y el empecinamiento en algunas cuestiones que pedagógicamente pueden ser cuestionables, no permiten tener una concordia que esté a la altura de las circunstancias.

El desconcierto que crea en el mundo educativo tanto cambio, en el hastío y la desesperación de no abordar los retos de la educación actual, hacen que estemos hablando de cuestiones que no son lo que de verdad importa. Que los cambios legislativos apuesten por no premiar el esfuerzo y el sacrificio choca frontalmente con la realidad que cualquier persona se va a encontrar a la hora de entrar en el mercado laboral o en la propia vida.

Una de las cosas que más me sorprendió al comenzar a trabajar en educación fue sobre la calificación que ahora ya no será numérica. Si un alumno nunca venía a clase ni hacía absolutamente nada, la calificación mínima era de un 1. Es decir, que no se podía poner una calificación menor. Ahora, con la nueva norma tampoco se podrá poner un 10 a las personas con la mejor calificación.

¿Qué mensaje trasladamos si el esfuerzo no tiene recompensa? ¿Acaso si en una empresa no se hace el trabajo que un empleado debe hacer, va a poder seguir en una organización? O en el ámbito deportivo, ¿no ganan los premios las personas que obtienen un mejor resultado que la muestra del entrenamiento y la preparación que han tenido para superar una prueba?

La cultura del esfuerzo es la cultura de la propia vida y no es digno tener un sistema educativo “light” o “soft” donde lo importante sea pasar de curso. Los contenidos son muy importantes y la forma de abordarlos, también. Estamos viendo como algunos fracasos en supuestas metodologías eran la panacea de la nueva educación como los llamados ámbitos. Pero por contra, también como esa educación transversal y que en muchas ocasiones no imparte profesorado especializado está provocando un estruendoso fracaso de conocimientos genéricos y confusos.

La educación pública es garantía de igualdad de oportunidades. Por lo tanto, como sociedad, debemos aspirar a tener la mejor educación. Ofrecer los mejores recursos, las mejores condiciones para formar la sociedad del futuro. Ayudar a las personas encargadas de la docencia y de la gestión educativa en tener la mejor preparación. Tener currículos adaptados a la sociedad del siglo XXI. Currículos que den respuesta a los retos que se enfrenta nuestra sociedad. Tener la formación necesaria en las grandes disciplinas. Tener una capacidad de pensamiento crítico y de análisis que permita la abstracción en la resolución de problemas. 

En definitiva, conectar las aspiraciones que tenemos, para ofrecer las mejores oportunidades en igualdad de oportunidades a toda persona. Que se tenga la ocasión de llegar a la excelencia gracias al esfuerzo y el sacrificio. Aspiremos a no manosear la educación y tener la mejor educación posible.

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