Artículo publicado en el Diario Información el 23/12/2021

La ciencia política afirma, que las elecciones las pierde el gobierno, no las gana la oposición, en tanto en cuanto, es un gobierno con políticas erráticas, sin empatía ni sentido común, el que le lleva a perder unos comicios, a pesar de las propuestas positivas que la oposición pueda plantear.

La noticia de esta tasa ha sentado como una bomba en el sector, que vive momentos difíciles, que no sabe cómo van a afectar las posibles restricciones ante el aumento de contagios y en el que, ante la situación que nos ha tocado vivir, está permanentemente en un “susto o muerte”.

Esto, sin duda, no ha sido un susto, muchos lo ven como muerte. Quizás, haya que bajar un poco a la realidad, para preguntar y mirar a la cara a esas personas que están sacando sus negocios adelante con mucho sufrimiento, qué les parece esta medida. El modelo turístico está cambiando a una gran velocidad pasando de una planificación a largo plazo a una a muy corto plazo y donde el sector, debe tener capacidad de dar respuesta en un breve tiempo ante las demandas que se puedan producir.

Pero, esto perjudica mucho más puesto que la incertidumbre y el no poder realizar las previsiones correctas, produce más problemas a la hora de tener los recursos suficientes. Es lo que cuentan las personas que se dedican a ello.

Ante el desasosiego de los tiempos que vivimos, ¿estamos en un momento propicio para implantar un nuevo impuesto a este sector estratégico de la Comunitat Valenciana? ¿Vive el sector del turismo su mejor momento de los últimos tiempos? ¿Va a solucionar esta tasa los problemas de financiación de los municipios turísticos?

La respuesta a todo ello, es un claro y rotundo no. Son las plantas hoteleras y la hostelería, mediante el pago de las políticas fiscales basadas en impuestos y tasas, las que pagan a las correspondientes administraciones los gastos que generan su propia actividad económica.

No tiene sentido, en un momento de transformación del modelo turístico a consecuencia de la pandemia, implantar nuevos impuestos que puedan desestabilizar aún más al sector y hacerlo menos competitivo.

Además, demuestra una clara debilidad del President de la Generalitat con sus socios del Consell, que ha prometido hasta la saciedad que esta tasa turística nunca se implementaría. Ha mentido a la ciudadanía, de forma reiterada y apoya una medida por la puerta de atrás sin ningún tipo de negociación ni consenso.

Así las cosas, deja en una posición de debilidad absoluta al responsable de turismo de la Generalitat, Francesc Colomer, muy apoyado por el sector y uno de los grandes críticos de la tasa turística. Puig lo deja literalmente, a los pies de los caballos y quizás, por dignidad, no le quede otra que coger la puerta de salida de la calle caballeros.

¿Por qué se empecina la izquierda valenciana en implantar una tasa turística como en Baleares o Cataluña? Desconozco por qué los modelos a seguir son el de esas dos comunidades autónomas y no otros modelos que apuestan por las rebajas fiscales. Espero que no sea por la entelequia de los países catalanes. Los momentos en que la tasa se implantó en esos territorios fueron otros y no se le ocurriría  a nadie hacerlo ahora con la que está cayendo.

Mientras tanto, el Diario Oficial de la Generalitat Valenciana publica cada dos por tres, nuevos nombramientos de personal eventual o de altos cargos, con departamentos y direcciones generales de competencias duplicadas y sin apenas estructura administrativa a su cargo. Hay direcciones generales que han pasado a ser siete direcciones generales, donde hay más “jefes” que “indios” para sacar adelante la faena. La firma de decretos de nombramientos parece haber perdido los límites de la estética política ni la de la decencia.

Puede que Puig haya decidido solucionar los problemas de personal de la Generalitat, a base de nombramientos de asesores y altos cargos, pero no es esa la forma de selección de personal en la Administración Pública, que se basa en la igualdad, mérito, capacidad y publicidad.

No justifica una tasa turística para aumentar el gasto público en momentos de cambios económicos y de necesidad del máximo de los apoyos a los sectores que crean empleo. El camino sería el de la rebaja fiscal y no el del aumento de la imposición fiscal.

Sin duda, no hay peor regalo navideño que el que Ximo Puig que la traición que ha hecho al turismo.

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