Artículo publicado en el Diario Información el 3/3/2022

Puede que se haya atraído por el titular en que le vaya a desvelar alguna conducta impropia de un representante público. Pero en este caso, el artículo no va de ningún cohecho, aunque quizás me haya dejado llevar con el dicho en el oficio periodístico de “que una mala noticia, no te arruine un buen titular”.

Al grano. El tema que muestro hoy va de un caso explicado en la escuela de negocios del IESE. En concreto, en la escuela de gobierno, que utiliza el método del caso para poner en práctica conceptos del día a día y así, los profesionales que asisten puedan verse reflejados a la hora de abordar la resolución de un problema.

En concreto, este caso se lo he escuchado explicar varias veces al profesor emérito y ex diputado valenciano José Ramón Pín, aunque siempre me ha picado la curiosidad en preguntarle si realmente, el caso ocurrió o no. Como ocurre en estas casuísticas, quizás haya una parte cierta y otra parte fábula. Pero desde luego, lo he visto reflejado muchas veces en esto que llamamos “la cosa pública”.

El caso trata de un político, el cual, en un cambio de carteras con la persona que le iba a sustituir, le pregunta éste al sustituido por algún consejo a tratar durante el mandato que ahora iniciaba. Esos actos de toma de posesión, cargados de tanta simbología y ceremonial, tienen un cierto protocolo que se repite. En el ambiente se puede respirar, o bien un tono festivo si el hecho del cambio se produce por el ascenso del sustituido. O bien, un carácter fúnebre si el sustituido ha sido cesado,  con dimisión forzosa o ha perdido los comicios.

Sobre el consejo, el sustituido le dijo al flamante y nuevo cargo público, que le iba a dar el mismo consejo que a él mismo le habían dado. Consistía en tres sobres que le había dejado en el primer cajón del despacho. En los sobres, tenía una numeración cronológica para que fueran abiertos por orden. Los sobres, sólo podían ser abiertos cuando el político en el cargo tuviese graves problemas que afrontar. Por lo tanto, solo, en caso de tener un conflicto grave, debía abrir el primero de los sobres, y así, sucesivamente.

Una vez celebrada la toma de posesión, el nuevo político inició radiante su caminar. Llegaron los tiempos de vino y rosas donde todo parecía perfecto. Todo era maravilloso, acaparaba noticias positivas, los medios de comunicación hablaban bien de su trabajo y en el partido le veían como el nuevo delfín donde todos los ojos se fijaban. Pero de repente, todo se torció. Llegó su gran problema. Una crisis que tenía que afrontar y no sabía cómo. Sus estrechos colaboradores tampoco le estaban aconsejando bien. De repente, se acordó de los sobres de su antecesor en el cargo. Se llenó de esperanza y abrió el primero de ellos para ver el contenido de este. Al abrirlo, habían unas palabras que decían: “Di que todo lo que está pasando es por culpa de mi gestión”.

De repente, el político pensó que efectivamente no había caído en eso. Era la excusa perfecta. Podía decir, que todo lo que pasaba, era por responsabilidad de su antecesor, que no había hecho las cosas bien. Raudo y veloz, dio esa justificación a la opinión pública, que le ayudó a que inmediatamente las aguas y el tiempo volviera a devolver todo a la normalidad.

Continuó el político su andadura una vez pasada su primera crisis, y ya con las primeras heridas de guerra continuaba su caminar en la política. Muy feliz, volvía a tener el protagonismo que ansiaba. Nuevos proyectos, ideas novedosas, hasta que de nuevo, un segundo problema grave. Esta vez, no le podía echar las culpas al anterior. De nuevo, vió en los sobres su salvación. Decidió abrir el segundo de ellos. En el sobre había una nota que decía: “Di que tienes un plan”.

“Claro, un plan”, pensó el político. “Tengo que inventar urgente un plan con acciones concretas, una planificación, cómo lo vamos a hacer y con qué presupuesto”, pensó. Puso a todo el equipo a trabajar e ideó ese gran proyecto que fue presentado ante una audiencia abarrotada que de nuevo veía en el político el liderazgo que esperaban.

El político continuó renacido de sus cenizas como un ave fénix su devenir en la política, ahora ya más experto, sabiendo quien le ponía las zancadillas e identificando a sus rivales. Sabía que la experiencia adquirida era un grado y creía que no le volvería a ocurrir nada más. Pero a los meses, de nuevo un gran problema. Esta vez, muy grave. Esta era la tercera vez que le pasaba y de nuevo, se acordó de su antecesor. Sabía que era su tercer sobre y que el resto le habían ayudado mucho. Se dispuso a abrir el tercer sobre y este rezaba lo siguiente: “Prepara tres sobres, escribe las notas que yo te escribí y presenta tu dimisión”.

Como decía al inicio del artículo, los casos, tienen un componente de fábula y otro de verdad. Conociendo al autor del mismo seguro que este tiene bastante de verdad. Y como vemos pasar en la política de la actualidad, y seguro que también en el futuro, cuando vean situaciones de crisis políticas, acuérdese de la historia del político y los tres sobres.

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