Archivo de la etiqueta: discurso

Discurso de despedida de Presidente de Nuevas Generaciones del Partido Popular en Redován

Querido Pepe Ciscar. Vicepresidente del Consell

Querido Emilio Fernández. Alcalde de Redován

Querido Pablo Sandoval. Vicesecretario de organización de NNGG provincia de Alicante.

Querido Ricardo Ruiz. Exalcalde de Redován.

Querida Eva Ortiz, eurodiputada

Querido Victor, presidente regional de NNGG Murcia

Diputados nacionales, autonómicos, provinciales, alcaldes, presidentes de Nuevas Generaciones, afiliados al partido sobre todo los que os habéis desplazado de tan lejos como Alcoy, Benidorm, Planes, Bussot, compañeras y compañeros, buenas tardes.

Comparezco hoy para dar mi informe como Presidente de Nuevas Generaciones de Redován desde el 9 de junio de 2006 hasta hoy.

En febrero de 2006, el nuevo presidente del PP de Redován, Emilio Fernández, me proponía presidir las nuevas generaciones del municipio, en un momento donde se producía una renovación dentro del PP después de los 20 años de presidencia del Partido de Ricardo Ruiz Poveda. Desde ese momento comenzamos a revitalizar las NNGG de Redován, asistiendo a todos los actos donde se nos invitaban, y a preparar nuestra asamblea general.

El 9 de junio de 2006, constituimos Nuevas Generaciones de Redován, acto que estuvo presidido por el entonces director del IVAJ, Marcos Alós. Casualmente, y mientras preparaba esta intervención, he encontrado el discurso que hice aquel día como nuevo presidente de Nuevas Generaciones. Aquel día decía varios mensajes que quiero trasladar una vez mas.

  • Daba la enhorabuena a las madres y padres de los miembros del nuevo comité ejecutivo, porque habían educado a sus hijos para darse los demás. Hoy quiero dar la enhorabuena de nuevo a esas madres y padres de los miembros del nuevo comité ejecutivo.
  • También indicaba, que había oído mucho, que el secreto de la felicidad, es darse a los demás sin pensar en uno mismo. Sigo suscribiendo ese mensaje.

Fue un acto emocionante donde muchos compañeros de NNGG nos apoyaron, y que, casi seis años después, la mayoría de aquellas personas estáis hoy aquí.

Desde ese momento comenzamos una etapa muy ilusionante; trabajamos sin descanso para apoyar a nuestro candidato a la alcaldía. En septiembre de 2006 asistíamos al Congreso Nacional de NNGG en Toledo, donde fue elegido presidente Nacho Uriarte. En octubre de ese año, organizamos una mesa redonda sobre la problemática del acceso a la vivienda en los jóvenes. Contamos aquel día por el entonces director general de la Vivienda donde explicó todas las ayudas y subvenciones existentes para jóvenes.

Participamos activamente en la campaña electoral de las elecciones municipales y autonómicas de 2007. íbamos a todos los sitios donde nos llamaban (Valencia, Alicante, Elche, los municipios de la Vega); nos fotografiábamos con los líderes del partido. Casi la mitad de la lista de las elecciones municipales de 2007 en Redován, eran personas de NNGG.

Esas elecciones las ganamos, pero nos faltó muy poco para conseguir la mayoría absoluta. Como consecuencia, PSOE e IU pactaron; cuatro años de legislatura de gobierno de izquierdas que dejaron en la ruina a un Ayuntamiento completamente saneado después de los 20 años de gobierno de Ricardo.

En esas elecciones obtuve acta como concejal del Ayuntamiento.

El PP comenzaba una etapa nueva; le tocaba estar en la oposición, y como siempre pasa en cualquier partido, las dificultades internas se producen en los momentos donde se está en la oposición. Fue duro, pero nadie pudo con nuestra unión.

El 19 de julio de 2007, recibía una llamada de teléfono de Juan Cotino, vicepresidente tercero del Consell y conseller de Bienestar Social, que apenas conocía, y que durante estos años he aprendido mucho de él. Me proponía ser director general del IVAJ. Era un gran reto; por aquel entonces dirigía mi propia empresa de ingeniería y arquitectura. Suponía irme a una ciudad a 220 kilómetros de mi pueblo, y abandonar la empresa que tanto me había costado crear después de tres años. Acepté el reto, y al día siguiente, 20 de julio de 2007, el pleno del Consell me nombraba en el cargo. De aquel día, recuerdo que dejé el coche a dos kilómetros de la Consellería de Bienestar Social ya que pensaba que estaba al lado de donde lo había dejado (apenas conocía Valencia). Me acompañó mi novia y hoy mi mujer, que aquel día hacíamos cinco años de noviazgo. Al volver a coger el coche, tenía una multa porque lo dejé en zona azul.

El reto personal que tenía era importante: tenía 25 años; me ponía a dirigir un organismo autónomo con 230 trabajadores, 17 oficinas y 13 albergues juveniles. En vaya lío que he metido, me decía a mi mismo. Recuerdo aquel mes de agosto de 2007 que lo aproveché para pasarme todo el mes en Valencia estudiándome el IVAJ. Me hospedé tres meses en un hotel (cosa que no recomiendo) y viví lo que se llama la soledad del político.

Desde aquel momento, no pude dedicarle todo el tiempo que hubiese querido a NNGG de Redován, por esas obligaciones. Tuve el apoyo de mi Secretaria General, Trini, en la que le delegaba muchas cosas, y que siempre, con una sonrisa en la boca, las realizaba. Te agradezco Trini el gran trabajo que has hecho durante estos años en este comité ejecutivo.

Llegaba el año 2008, y teníamos una importante campaña electoral, la de las generales de 2008. Esas elecciones eran esenciales; España se la jugaba. A la vuelta de la esquina estaba la peor crisis económica y nuestro país necesitaba un gobierno del PP. El PSOE nos decía que la crisis era un cuento, y proponía el pleno empleo.

En nuestro pueblo, esa campaña y el resto suponía tener movilizado a nuestro partido que estaba en la oposición. A mis compañeros les pedía que trabajásemos como si de unas elecciones municipales se tratasen. Tuvimos al candidato Federico Trillo en la campaña, así como, Ángel González, SG de NNGG, e hicimos una gran campaña gracias al apoyo de nuestros militantes. Las perdimos.

En enero de 2009, recibí el encargo, de la entonces portavoz del Congreso de los Diputados del PP y hoy vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría y de Nacho Uriarte, presidente nacional, de coordinar un plan de juventud para presentarlo en el Congreso de los Diputados. Recuerdo aquel día que me presentaban en la sede de Génova. Era la primera vez que iba, y tenía que participar en una rueda de prensa que se transmitía vía satélite; confiero que estaba “acojonado”. Durante cuatro meses me recorrí casi todas las Comunidades Autónomas y estuve en contacto con todos los directores generales de comunidades autónomas del PP y concejales de juventud de toda España. Iba todas las semanas a Génova a trabajar en el plan, y en mayo lo presentamos en el Congreso con el apoyo de CiU; el PSOE nos lo tumbó.

Enseguida, otra vez en campaña. La de las Europeas de junio de 2009. Teníamos la suerte de tener a una candidata y gran amiga de NNGG, Eva Ortiz como candidata. También las ganamos en Redován y NNGG participó en los actos y como interventores y apoderados.

En febrero de 2010 tuvimos a Nacho Uriarte, presidente nacional, en una comida de NNGG. Vinieron 130 jóvenes, casi todos los presidentes locales de NNGG de la provincia, con nuestra presidenta regional y el presidente regional de Murcia, hoy también aquí presente. Fue un día que nunca olvidaré.

En junio de 2010, tuve una nueva responsabilidad con el nombramiento de vicepresidente de la Red Estatal de Albergues Juveniles.

En verano de 2010, Emilio nombró un comité de campaña para las municipales de mayo de 2011, en el que me encomendó dirigir. Era otra nuevo reto. Emilio sabía que mi gran objetivo desde que no obtuvimos la victoria suficiente en el 2007, que quería que fuese el alcalde. Emilio había trabajado mucho, y también había sufrido mucho. Y nosotros con él. Se merecía ser el número 1 en las elecciones, y si el pueblo confiaba en nosotros, el alcalde.

Me tocó también trabajar en la sede regional en el equipo de Nuevas Tecnologías, para la campaña autonómica. Prácticamente, llevaba la campaña desde el teléfono. Y un buen director de orquesta no es nadie sin su banda de música. Buenos músicos como Mateo, Cándido, Sara, Amelia, Ramón, Trini, Roberto, los jóvenes de Nuevas Generaciones, y muchísimos compañeros mas garantizaban el éxito.

Diciembre de 2010 fue un mes importante para mí. Como un amigo me dijo, ese mes, tuve dos partos. El primer parto y mas importante, fue el nacimiento de mi hijo Adrián. Y el segundo parto, fue la Ley de Juventud de la Comunidad Valenciana. Una ley de la que me siento orgulloso por el gran trabajo que hizo mi equipo, entre ellos Belén Hoyo, Rafa Pastor y Mariate hoy aquí presentes.

El 2011 se presentaba un año muy intenso. Seguimos haciendo campaña e hicimos un alto en el camino para asistir tanto a la Convención del PP de Sevilla, como al Congreso de Nuevas Generaciones en Zaragoza.

Hicimos una gran campaña electoral gracias a ese equipo. Emilio se fiaba de mi; siempre haciendo cosas nuevas. Nos subíamos a la sierra, le grababa videos conduciendo, en su sesión de fotos, … fue una campaña muy divertida, y nos lo pasamos bien. Esa es precisamente es mi filosofía de trabajo, por muy duras que sean las circunstancias, siempre tener una sonrisa y trabajar con buen humor.

Ganamos las elecciones de mayo. Mejor dicho, no las ganamos, arrasamos. Prácticamente, sacamos el doble de votos que nuestros contrincantes. El pueblo de Redován confió masivamente en nosotros, y no les podíamos defraduar y no les vamos a defraudar.

A finales de junio cesé como director del IVAJ para dedicarme plenamente a mi pueblo. A las semanas, fui elegido diputado provincial bajo la presidencia de Luisa Pastor, que por cierto, es una suerte tenerla de jefa.

Hace un año que le comuniqué al hoy alcalde, Emilio, que había decidido renovar NNGG; así se lo trasladé recientemente a la presidenta regional y presidenta provincial. Sin duda, Carla es la persona mejor preparada para ser Presidenta. Durante estos años, me ha acompañado a muchos sitios; lleva la política en la sangre por su abuelo, y ha participado en todas las campañas; todos la conocéis y no necesita presentaciones. Sin duda, es la mejor en mi opinión. Recuerda, que si algún concejal dimitimos, tu serás la siguiente concejala. Carla, vas a ser una gran presidenta, y te deseo lo mejor.

No os he podido nombrar a todos en este discurso, pero sabéis el cariño que os tengo, y lo importante que es para mí que estéis hoy aquí.

No puedo dejar de nombrar a mi familia; a mi madre, a mi padre, a mi hermana, y sobre todo a mi mujer, y a mi hijo. Ellos son los verdaderos sufridores de las personas que nos dedicamos a la política. Son los que no nos ven, los que se preguntan dónde estamos, qué estaremos haciendo. Los que sufren cuando nos atacan, y nos difaman. A mi familia, y a todas las familias de mis compañeros que nos dedicamos a servir a los demás, gracias por comprendernos.

Quiero pedir disculpas a todas las personas que haya ofendido o les haya echo daño en este tiempo como presidente. Todos cometemos errores, y yo el primero. Os pido perdón.

Finalizo mi discurso: Después de todo lo que he contado, quiero decir, que este tiempo en Nuevas Generaciones ha valido la pena. Allá donde esté, y me dedique a lo que me dedique, siempre tendréis mi compromiso y ayuda en lo que necesitéis. No me despido con un hasta siempre, si no con un hasta pronto. MUCHAS GRACIAS.

Discurso del Papa Benedicto XVI en el Parlamento Alemán

Por su contenido, comparto este discurso del Papa Benedicto XVI que me parece muy bueno para personas que ejercen el ejercicio público (fuente: www.vatican.va):

———————————————-

lustre Señor Presidente
Señor Presidente del Bundestag
Señora Canciller Federal
Señor Presidente  del Bundesrat
Señoras y Señores

Es para mi un honor y una alegría hablar ante esta Cámara alta, ante el Parlamento de mi Patria alemana, que se reúne aquí como representación del pueblo, elegido democráticamente, para trabajar por el bien común de la República Federal de Alemania. Agradezco al Señor Presidente del Bundestag su invitación a tener este discurso, así como sus gentiles palabras de bienvenida y aprecio con las que me ha acogido. Me dirijo en este momento a ustedes, estimados señoras y señores, también como un connacional que por sus orígenes está vinculado de por vida y sigue con particular atención los acontecimientos de la Patria alemana. Pero la invitación a tener este discurso se me ha hecho en cuanto Papa, en cuanto Obispo de Roma, que tiene la suprema responsabilidad sobre los cristianos católicos. De este modo, ustedes reconocen el papel que le corresponde a la Santa Sede como miembro dentro de la Comunidad de los Pueblos y de los Estados. Desde mi responsabilidad internacional, quisiera proponerles algunas consideraciones sobre los fundamentos del estado liberal de derecho.

Permítanme que comience mis reflexiones sobre los fundamentos del derecho con un breve relato tomado de la Sagrada Escritura. En el primer Libro de los Reyes, se dice que Dios concedió al joven rey Salomón, con ocasión de su entronización, formular una petición. ¿Qué pedirá el joven soberano en este momento tan importante? ¿Éxito, riqueza, una larga vida, la eliminación de los enemigos? No pide nada de todo eso. En cambio, suplica: “Concede a tu siervo un corazón dócil, para que sepa juzgar a tu pueblo y distinguir entre el bien y mal” (1 R 3,9). Con este relato, la Biblia quiere indicarnos lo que en definitiva debe ser importante para un político. Su criterio último, y la motivación para su trabajo como político, no debe ser el éxito y mucho menos el beneficio material. La política debe ser un compromiso por la justicia y crear así las condiciones básicas para la paz. Naturalmente, un político buscará el éxito, sin el cual nunca tendría la posibilidad de una acción política efectiva. Pero el éxito está subordinado al criterio de la justicia, a la voluntad de aplicar el derecho y a la comprensión del derecho. El éxito puede ser también una seducción y, de esta forma, abre la puerta a la desvirtuación del derecho, a la destrucción de la justicia. “Quita el derecho y, entonces, ¿qué distingue el Estado de una gran banda de bandidos?”, dijo en cierta ocasión San Agustín.[1] Nosotros, los alemanes, sabemos por experiencia que estas palabras no son una mera quimera. Hemos experimentado cómo el poder se separó del derecho, se enfrentó contra él; cómo se pisoteó el derecho, de manera que el Estado se convirtió en el instrumento para la destrucción del derecho; se transformó en una cuadrilla de bandidos muy bien organizada, que podía amenazar el mundo entero y llevarlo hasta el borde del abismo. Servir al derecho y combatir el dominio de la injusticia es y sigue siendo el deber fundamental del político. En un momento histórico, en el cual el hombre ha adquirido un poder hasta ahora inimaginable, este deber se convierte en algo particularmente urgente. El hombre tiene la capacidad de destruir el mundo. Se puede manipular a sí mismo. Puede, por decirlo así, hacer seres humanos y privar de su humanidad a otros seres humanos. ¿Cómo podemos reconocer lo que es justo? ¿Cómo podemos distinguir entre el bien y el mal, entre el derecho verdadero y el derecho sólo aparente? La petición salomónica sigue siendo la cuestión decisiva ante la que se encuentra también hoy el político y la política misma.

Para gran parte de la materia que se ha de regular jurídicamente, el criterio de la mayoría puede ser un criterio suficiente. Pero es evidente que en las cuestiones fundamentales del derecho, en las cuales está en juego la dignidad del hombre y de la humanidad, el principio de la mayoría no basta: en el proceso de formación del derecho, una persona responsable debe buscar los criterios de su orientación. En el siglo III, el gran teólogo Orígenes justificó así la resistencia de los cristianos a determinados ordenamientos jurídicos en vigor: “Si uno se encontrara entre los escitas, cuyas leyes van contra la ley divina, y se viera obligado a vivir entre ellos…, por amor a la verdad, que, para los escitas, es ilegalidad, con razón formaría alianza con quienes sintieran como él contra lo que aquellos tienen por ley…”[2]

Basados en esta convicción, los combatientes de la resistencia actuaron contra el régimen nazi y contra otros regímenes totalitarios, prestando así un servicio al derecho y a toda la humanidad. Para ellos era evidente, de modo irrefutable, que el derecho vigente era en realidad una injusticia. Pero en las decisiones de un político democrático no es tan evidente la cuestión sobre lo que ahora corresponde a la ley de la verdad, lo que es verdaderamente justo y puede transformarse en ley. Hoy no es de modo alguno evidente de por sí lo que es justo respecto a las cuestiones antropológicas fundamentales y pueda convertirse en derecho vigente. A la pregunta de cómo se puede reconocer lo que es verdaderamente justo, y servir así a la justicia en la legislación, nunca ha sido fácil encontrar la respuesta y hoy, con la abundancia de nuestros conocimientos y de nuestras capacidades, dicha cuestión se ha hecho todavía más difícil.

¿Cómo se reconoce lo que es justo? En la historia, los ordenamientos jurídicos han estado casi siempre motivados de modo religioso: sobre la base de una referencia a la voluntad divina, se decide aquello que es justo entre los hombres. Contrariamente a otras grandes religiones, el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. En cambio, se ha remitido a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho, se ha referido a la armonía entre razón objetiva y subjetiva, una armonía que, sin embargo, presupone que ambas esferas estén fundadas en la Razón creadora de Dios. Así, los teólogos cristianos se sumaron a un movimiento filosófico y jurídico que se había formado desde el siglo II a. C. En la primera mitad del siglo segundo precristiano, se produjo un encuentro entre el derecho natural social, desarrollado por los filósofos estoicos y notorios maestros del derecho romano.[3] De este contacto, nació la cultura jurídica occidental, que ha sido y sigue siendo de una importancia determinante para la cultura jurídica de la humanidad. A partir de esta vinculación precristiana entre derecho y filosofía inicia el camino que lleva, a través de la Edad Media cristiana, al desarrollo jurídico del Iluminismo, hasta la Declaración de los derechos humanos y hasta nuestra Ley Fundamental Alemana, con la que nuestro pueblo reconoció en 1949 “los inviolables e inalienables derechos del hombre como fundamento de toda comunidad humana, de la paz y de la justicia en el mundo”.

Para el desarrollo del derecho, y para el desarrollo de la humanidad, ha sido decisivo que los teólogos cristianos hayan tomado posición contra el derecho religioso, requerido por la fe en la divinidad, y se hayan puesto de parte de la filosofía, reconociendo a la razón y la naturaleza, en su mutua relación, como fuente jurídica válida para todos. Esta opción la había tomado ya san Pablo cuando, en su Carta a los Romanos, afirma: “Cuando los paganos, que no tienen ley [la Torá de Israel], cumplen naturalmente las exigencias de la ley, ellos… son ley para sí mismos. Esos tales muestran que tienen escrita en su corazón las exigencias de la ley; contando con el testimonio de su conciencia…” (Rm 2,14s). Aquí aparecen los dos conceptos fundamentales de naturaleza y conciencia, en los que conciencia no es otra cosa que el “corazón dócil” de Salomón, la razón abierta al lenguaje del ser. Si con esto, hasta la época del Iluminismo, de la Declaración de los Derechos humanos, después de la Segunda Guerra mundial, y hasta la formación de nuestra Ley Fundamental, la cuestión sobre los fundamentos de la legislación parecía clara, en el último medio siglo se produjo un cambio dramático de la situación. La idea del derecho natural se considera hoy una doctrina católica más bien singular, sobre la que no vale la pena discutir fuera del ámbito católico, de modo que casi nos avergüenza hasta la sola mención del término. Quisiera indicar brevemente cómo se llegó a esta situación. Es fundamental, sobre todo, la tesis según la cual entre ser y deber ser existe un abismo infranqueable. Del ser no se podría derivar un deber, porque se trataría de dos ámbitos absolutamente distintos. La base de dicha opinión es la concepción positivista de naturaleza adoptada hoy casi generalmente. Si se considera la naturaleza – con palabras de Hans Kelsen – “un conjunto de datos objetivos, unidos los unos a los otros como causas y efectos”, entonces no se puede derivar de ella realmente ninguna indicación que tenga de algún modo carácter ético.[4] Una concepción positivista de la naturaleza, que comprende la naturaleza de manera puramente funcional, como las ciencias naturales la entienden, no puede crear ningún puente hacia el Ethos y el derecho, sino dar nuevamente sólo respuestas funcionales. Pero lo mismo vale también para la razón en una visión positivista, que muchos consideran como la única visión científica. En ella, aquello que no es verificable o falsable no entra en el ámbito de la razón en sentido estricto. Por eso, el ethos y la religión han de ser relegadas al ámbito de lo subjetivo y caen fuera del ámbito de la razón en el sentido estricto de la palabra. Donde rige el dominio exclusivo de la razón positivista – y este es en gran parte el caso de nuestra conciencia pública – las fuentes clásicas de conocimiento del ethos y del derecho quedan fuera de juego. Ésta es una situación dramática que afecta a todos y sobre la cual es necesaria una discusión pública; una intención esencial de este discurso es invitar urgentemente a ella.

El concepto positivista de naturaleza y razón, la visión positivista del mundo es en su conjunto una parte grandiosa del conocimiento humano y de la capacidad humana, a la cual en modo alguno debemos renunciar en ningún caso. Pero ella misma no es una cultura que corresponda y sea suficiente en su totalidad al ser hombres en toda su amplitud. Donde la razón positivista es considerada como la única cultura suficiente, relegando todas las demás realidades culturales a la condición de subculturas, ésta reduce al hombre, más todavía, amenaza su humanidad. Lo digo especialmente mirando a Europa, donde en muchos ambientes se trata de reconocer solamente el positivismo como cultura común o como fundamento común para la formación del derecho, reduciendo todas las demás convicciones y valores de nuestra cultura al nivel de subcultura. Con esto, Europa se sitúa ante otras culturas del mundo en una condición de falta de cultura, y se suscitan al mismo tiempo corrientes extremistas y radicales. La razón positivista, que se presenta de modo exclusivo y que no es capaz de percibir nada más que aquello que es funcional, se parece a los edificios de cemento armado sin ventanas, en los que logramos el clima y la luz por nosotros mismos, sin querer recibir ya ambas cosas del gran mundo de Dios. Y, sin embargo, no podemos negar que en este mundo autoconstruido recurrimos en secreto igualmente a los “recursos” de Dios, que transformamos en productos nuestros. Es necesario volver a abrir las ventanas, hemos de ver nuevamente la inmensidad del mundo, el cielo y la tierra, y aprender a usar todo esto de modo justo.

Pero ¿cómo se lleva a cabo esto? ¿Cómo encontramos la entrada en la inmensidad, o la globalidad? ¿Cómo puede la razón volver a encontrar su grandeza sin deslizarse en lo irracional? ¿Cómo puede la naturaleza aparecer nuevamente en su profundidad, con sus exigencias y con sus indicaciones? Recuerdo un fenómeno de la historia política reciente, esperando que no se malinterprete ni suscite excesivas polémicas unilaterales. Diría que la aparición del movimiento ecologista en la política alemana a partir de los años setenta, aunque quizás no haya abierto las ventanas, ha sido y es sin embargo un grito que anhela aire fresco, un grito que no se puede ignorar ni rechazar porque se perciba en él demasiada irracionalidad. Gente joven se dio cuenta que en nuestras relaciones con la naturaleza existía algo que no funcionaba; que la materia no es solamente un material para nuestro uso, sino que la tierra tiene en sí misma su dignidad y nosotros debemos seguir sus indicaciones. Es evidente que no hago propaganda de un determinado partido político, nada más lejos de mi intención. Cuando en nuestra relación con la realidad hay algo que no funciona, entonces debemos reflexionar todos seriamente sobre el conjunto, y todos estamos invitados a volver sobre la cuestión de los fundamentos de nuestra propia cultura. Permitidme detenerme todavía un momento sobre este punto. La importancia de la ecología es hoy indiscutible. Debemos escuchar el lenguaje de la naturaleza y responder a él coherentemente. Sin embargo, quisiera afrontar seriamente un punto que – me parece – se ha olvidado tanto hoy como ayer: hay también una ecología del hombre. También el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo. El hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza, y su voluntad es justa cuando él respeta la naturaleza, la escucha, y cuando se acepta como lo que es, y admite que no se ha creado a sí mismo. Así, y sólo de esta manera, se realiza la verdadera libertad humana.

Volvamos a los conceptos fundamentales de naturaleza y razón, de los cuales hemos partido. El gran teórico del positivismo jurídico, Kelsen, con 84 años – en 1965 – abandonó el dualismo de ser y de deber ser (me consuela comprobar que a los 84 años se esté aún en condiciones de pensar algo razonable). Antes había dicho que las normas podían derivar solamente de la voluntad. En consecuencia – añade –, la naturaleza sólo podría contener en sí normas si una voluntad hubiese puesto estas normas en ella. Por otra parte – dice –, esto supondría un Dios creador, cuya voluntad se ha insertado en la naturaleza. “Discutir sobre la verdad de esta fe es algo absolutamente vano”, afirma a este respecto.[5] ¿Lo es verdaderamente?, quisiera preguntar. ¿Carece verdaderamente de sentido reflexionar sobre si la razón objetiva que se manifiesta en la naturaleza no presupone una razón creativa, un Creator Spiritus?

A este punto, debería venir en nuestra ayuda el patrimonio cultural de Europa. Sobre la base de la convicción de la existencia de un Dios creador, se ha desarrollado el concepto de los derechos humanos, la idea de la igualdad de todos los hombres ante la ley, la conciencia de la inviolabilidad de la dignidad humana de cada persona y el reconocimiento de la responsabilidad de los hombres por su conducta. Estos conocimientos de la razón constituyen nuestra memoria cultural. Ignorarla o considerarla como mero pasado sería una amputación de nuestra cultura en su conjunto y la privaría de su integridad. La cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma; del encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico de Roma. Este triple encuentro configura la íntima identidad de Europa. Con la certeza de la responsabilidad del hombre ante Dios y reconociendo la dignidad inviolable del hombre, de cada hombre, este encuentro ha fijado los criterios del derecho; defenderlos es nuestro deber en este momento histórico.

Al joven rey Salomón, a la hora de asumir el poder, se le concedió lo que pedía. ¿Qué sucedería si nosotros, legisladores de hoy, se nos concediese formular una petición? ¿Qué pediríamos? Pienso que, en último término, también hoy, no podríamos desear otra cosa que un corazón dócil: la capacidad de distinguir el bien del mal, y así establecer un verdadero derecho, de servir a la justicia y la paz. Muchas gracias.


[1] De civitate Dei, IV, 4, 1.
[2] Contra Celsum GCS Orig. 428 (Koetschau); cf. A. Fürst, Monotheismus und Monarchie. Zum Zusammenhang von Heil und Herrschaft in der Antike. En: Theol. Phil. 81 (2006) 321 – 338; citación p. 336; cf. también J. Ratzinger, Die Einheit der Nationen. Eine Vision der Kirchenväter (Salzburg – München 1971) 60.
[3] Cf. W. Waldstein, Ins Herz geschrieben. Das Naturrecht als Fundament einer menschlichen Gesellschaft (Augsburg 2010) 11ss; 31 – 61.
[4] Waldstein, op. cit. 15-21.
[5] Citado según Waldstein, op. cit. 19.